Mi papá siempre nos decía: “Es de sabios cambiar de opinión”, la verdad nunca me gusto esa frase, siempre pensé que deberías ser lo suficientemente sabio para no necesitar cambiar de opinión, debías pensar siempre muy bien las decisiones que tomabas y no cambiar, eso hablaba de tu constancia y de la seguridad de tus decisiones, así que generalmente tenía mucho cuidado en lo que decía y de todo lo que decidía, obvio, no quería equivocarme. Sin embargo al pasar de los años me he equivocado, he cometido muchos errores y de ellos he aprendido, he cambiado de decisión, de opinión e incluso mi papá ha cambiado su frase, ahora dice: “Es de sabios rectificar”, a continuación les relataré uno de esos cambios.

Cuando era soltera y aun de casada, escuchaba varios comentarios y también leí en algún lado sobre el mejor modo de educar a los niños, no consentirlos, que duerman desde pequeños en sus cuartos, es lo que típicamente escuchaba, aunque algunos de esos consejos no eran de mamás, pero yo los escuchaba y siempre pensé que lo mejor sería que mi hijo durmiera desde pequeño en su cuarto, quería tener todo listo para que se fuera a dormir allá y que nosotros nos quedáramos solitos en nuestro cuarto, yo pensaba que desde el mes de vida tal vez estaría bien que se fuera, pero una querida amiga me dijo un día “no vas a saber con exactitud lo que vas a hacer hasta que tengas a tu hijo en tus brazos” y así fue, unos días antes de que Leo naciera pensaba en dejarlo en su cuarto al mes, después dije que a los tres meses, todavía con Leo en el hospital le pregunte al doctor y me dijo que él me recomendaba tenerlo al menos 15 días en nuestra recamara.

Al llegar a casa ya teníamos su “Moisés” listo para que ahí descansara, pero decidimos meter el moisés a nuestra recamara, ahí dormía Leonardo a nuestro lado, aunque con su problema de Reflujo lo teníamos que dormir inclinado, sentábamos a mi cachorrito en una sillita mecedora en medio de nosotros y dormíamos en la misma cama.
Debo decir que a pesar de lo que en algún momento leí y a pesar de los consejos que me dieron, la naturaleza es sabia y por lo mismo mi instinto de madre me decía que tenía que estar cerca de mi pequeño, estuvo en nuestra cama y pensábamos llevarlo a dormir a su cuarto lo antes posible pero siempre teníamos un pretexto, hace frío, teníamos miedo, que tal si se ahoga, etc.
El reflujo de Leo cedió a los 6 meses, así que ya pensábamos pasar a Leo a su recamara, pero lo dejamos otro rato a nuestro lado, aunque por su problema de tortícolis tenía que dormir también un poco levantado y lo poníamos en una media dona.
A veces no le gustaba dormir con nosotros, sobre todo cuando empezó a moverse más, quería tener su propio espacio y se enojaba porque estábamos ahí y no podía estirarse e ir de un lado a otro como él quería.

A los siete meses lo pasamos a su recamara, él durmió plácidamente y yo no pude dormir en toda la noche, lo extrañaba, me levante como 30 veces a verlo, pero Leonardo estaba encantado con su cuna, yo hasta lloré porque mi pequeñito ya quería crecer y no estar con nosotros, me costó un trabajo aceptarlo, de hecho todavía no me acostumbro por completo, existen ocasiones en las que se siente mal y quiere dormir a nuestro lado y otras que aunque no se sienta mal no logra quedarse en su cuarto, al menos que sea a nuestro lado, así que ahí practicamos el colecho, rico y a gusto, aunque también debo de confesar que un poco cansado, en su cuna está acostumbrado a moverse para todos lados, así que cuando duerme con nosotros nos patea, nos golpea, se encima, nos despierta, etc., pero nos encanta tenerlo cerca, no podemos evitarlo.

Aunque en ocasiones se queda con nosotros y en la madrugada me da los brazos y me pide que lo lleve a su cuarto, lo meto a su cuna y se queda tranquilo y feliz, mientras yo lo extraño, me han dicho que los bebés arruinan o unen matrimonios, que debemos encontrar un balance para que amemos a nuestro hijo y estemos atentos a sus necesidades y también a las nuestras sin olvidarnos de nosotros mismos. Ahora nosotros estamos infinitamente felices con nuestro pequeño, así que sí, hemos sacrificado tiempo juntos por pasarlo con nuestro hijo, pero así lo decidimos desde el principio, no nos duele y no nos arrepentimos, somos felices durmiendo con Leonardo a nuestro lado, creo que mi hijo es el que no lo disfruta tanto, se enoja y quiere su cuna, poco a poco lo he ido superando, no quiero ni imaginar la manera en que me voy a sentir el día que entre a la escuela y el día que se vaya a la universidad o algo parecido.

Por el momento disfruto a mi pequeña familia y creo que ellos también me disfrutan, mi Colecho con mi hijo no es de todos los días, pero los días que lo hacemos me gusta y hasta he aprendido a disfrutar sus pies en mi cara o su cabeza en mi panza.
Espero que todos disfruten el tener a sus hijos cerca, amarlos y cuidarlos el tiempo que se pueda. Gracias por leer, un beso.